Christian Felber: “Soy anticapitalista porque soy economista”

El economista austríaco defendió el movimiento por el Bien Común en una conferencia en la Universidad de Cantabria que contó con la colaboración de CEMIDE.

Christian Felber es un economista austríaco y un profesor de Economía y Negocios de la Universidad de Viena que abandera un movimiento económico y social: la Economía del Bien Común.

Se llama Christian Felber, estudió en Viena y Madrid y es profesor universitario de economía, escritor y divulgador en materias de economía y sociología. Además de fundar el movimiento por el Bien Común es impulsor de otros sobre justicia global Attacen-Austria y de la denominada Banca democrática.

Felber expuso su proyecto en Santander invitado por el Colegio de Economistas y la Facultad de Ciencias Económicas en un acto que tuvo lugar en la Universidad de Cantabria y que contó con la colaboración del Centro Montañés de Investigación y Desarrollo Empresarial (CEMIDE).

Aunque parezca un biempensante iluso, Felber tiene claro que se puede abrir una brecha entre capitalismo y socialismo. “Queremos tomarnos en serio”, afirmó ante una Sala Gómez Laá llena de público. Al igual que otros movimientos y teorías (Banca Ética, Economía Azul o Circular), la Economía del Bien Común pretende un cambio de modelo de vida, con especial acento en las relaciones económicas, en el que se evalúe el nivel de bienestar, no sólo parámetros economicistas como el PIB, y se actúe en consecuencia.

Actualmente el movimiento cuenta con 3.000 colaboradores activos y decenas de pymes en 30 países que se someten a evaluaciones rigurosas de su actividad y quieren contribuir a esta redefinición del modelo económico actual.

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 ¿Cómo se lleva esto a la práctica?

Felber puso como ejemplo de la presión pública por una nueva forma de relaciones sociales el etiquetado de productos. Por medio de encuestas a empresas y administraciones en las que se evalúan una veintena de variables que van más allá de la producción, se realiza un etiquetado del producto con una baremación de hasta 1.000 puntos del productor. Esta información dirigida al ciudadano/cliente le permitirá a este optar por productos y servicios que estén respaldados por empresas y administraciones que procuren el Bien Común y no solo se rijan por la productividad económica.

Dichas variables evaluables puntúan aspectos cómo en qué país se tributa, las condiciones laborales de la organización, cómo se distribuyen los ingresos y la toma de decisiones, el cuidado por el medio ambiente y la solidaridad de la empresa.

“Cada producto tiene una puntuación en la que se da información ética, que es mucho más relevante”, explicó el economista.

Este etiquetado es un ejemplo. La manera de incidir en las relaciones económicas es vincular también este comportamiento por el Bien Común con el trato que reciban empresas y organizaciones, es decir, incentivos y exenciones fiscales a quien los cumpla, recargos o tasas complementarias a quien no los cumplan, preferencia o penalización en las licitaciones, etc. Se pretende de este modo también compensar la transparencia de las empresas, dado que, en un ejercicio de realismo, “los productos menos éticos son más baratos y más competitivos en una economía no ética”, según dijo.

Encuestas y legislación

Las encuestas sobre el actual modelo económico arrojan resultados sorprendentes. El 88% de los alemanes son partidarios de cambiar de modelo, al igual que el 90% de los austriacos. Lo sorprendente es que son países en los que su modelo económico destaca por su fortaleza, no por lo contrario. Esta insatisfacción con la bonanza económica revela sus claves de malestar si se exploran otras variables sobre el modo de vida. En concreto, Felber, aportó dos variables cuyos resultados negativos en las encuestas hacen cuestionar el modelo económico: la insostenibilidad medioambiental (si todo el mundo consumiera lo que consume Alemania y Austria serían necesarios los recursos de cuatro planetas, dijo) y la falta de sentido, de satisfacción, sobre todo en el mundo laboral.

Esto lo extrapoló el economista a la vida democrática, un sistema al que la mayor parte de la población alemana reclama más profundidad en el sentido de la relativa escasa concordancia que existe entre la soberanía popular y sus representantes institucionales, algo que definió Felber como “extrema pobreza democrática”.

En el fondo, añadió, este modo de ver las cosas no es tan nueva. Las propias constituciones de países como Alemania y España recogen algo parecido, sólo que se le llama de otra manera: en España tiene el nombre de ‘interés general’. Estos preceptos constitucionales son los que estos movimientos, como los que él abandera, desean que tengan plasmación en la práctica para que la ‘economía’ real sea algo más profundo que la ‘crematística’ en donde el beneficio económico no es un medio para obtener el objetivo de una buena vida sino un fin en sí mismo. Y ya se están dando pasos en el ámbito supranacional. El CESE, órgano consultivo de participación social de la UE, ya ha propuesto que se incluya el Bien Común en el aparato normativo europeo.